Medianoche de domingo,
estoy buscando mis pies.
No estoy acostada aún,
desvelo,
sólo que no dónde estoy parada
y no veo mis pies.
Estoy flotando, creo.
No es que sea un problema...
Es que presiento
la primavera que germina en agosto.
Y la savia que late es
la misma que hace
revolotear la sangre
del cuerpo humano.
En medio de este mareo estacional,
difícil resulta llegar a la cama
si no encuentro mis pies.
(Agosto de 2013)