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19 abr 2011

8 de diciembre

Volvemos con Dieguito del cumpleaños del Tano. Son las 5 de la mañana. Nos peleamos todo el camino porque yo le pedí que nos vayamos. Eran todos varones y estaban ya borrachos… y empezaban a hablar de mujeres… y yo me quise volver.
Diego, vamos.
Pero, mujer! Si la estoy pasando joya.
Bueno Diego, pero los chicos ya están hablando de cosas suyas, creo que se sentirían mejor solos –incluso, pensé, quizá quieran llamar un par de putas- …Es más, -le dije- creo que quieren llamar un par de mujeres…
Sos una flashera, mujer! Relajate! Estoy bien.
Claro Diegui, yo entiendo que vos estés bien, pero…
Bueno, bueno! – y con ínfulas se hizo a la idea-
Diegui puso la trompa larga y empezó a saludar lentamente a sus amigos, de a uno.
A medida que los iba saludando me señalaba con un gesto para indicar que nos íbamos porque a mi me ocurrió. Mi idea era que correspondía irnos. Y Creo que también era la de sus amigos.
Cuando salimos de la casa de Richard, Dieguito traía una lata de cerveza en la mano, que pateó cuando llegamos a la avenida, con tanta suerte de que no fue a parar al parabrisas de ningún coche. Esperamos el colectivo  en puente Saavedra. Tardó en venir. Bajamos en Liniers, madrugada del feriado 8 diciembre. En los costados de la General Paz la comunidad boliviana estaba de jerga. Borrachos a los tumbos por las calle, parejas que se decían cosas -a esa hora, palabras de amor o de odio, dependiendo el caso- Diego caminaba delante de mi, rápido, mirando alrededor con desprecio, tocando la navaja que tenía en el bolsillo. En la puerta del bingo Ciudadela conseguimos un remis, nos trajo hasta casa con Diego puteando furioso a la gente, a la hora, al día que comenzaba, al remis.
En cuanto ponemos los pies en el porchecito y cerramos la puerta, el saca la navaja del bolsillo -Yo, pálida, trago saliva- mira para un lado, para otro. No se decide a entrar.
-¿Die, - le suplico- nos acostamos a dormir?-  En realidad tengo pánico. Nunca me gustó que salga con la navaja. Pero ahora la tiene en la mano y oscila en lo que va a hacer con ella. Entonces me mira fijo y no responde, tiene los ojos brillantes y está agitado, camina lento en dirección a mi – yo siento que todo sucede en cámara lenta, a medida que se prepara mi adrenalina esperando lo peor- y sólo pasa por al lado mío para entrar en la casa, pero vuelve sobre sus pasos y sale.
-Anda a acostarte, yo me quedo acá-  Y comprendo que su plan es auto destinarse la navaja, cosa que no deja de asustarme, aunque en el fondo siento pena y luego pienso que debo separarme de él urgente que ya no volveré a verlo con buenos ojos, que literalmente no sirve nada de esto… y además, me da miedo. Y por miedo no me voy a la cama, porque no sé que puede llegar a hacer con la navaja –aunque lo más probable es que nada- . Lo intento seducir – aunque me da pavura en verdad- para que se venga a acostar y suelte la bendita navaja, incluso le pido a la virgen, en su día, que haga el milagro de que diego se acueste y me deje pasar la noche en paz… para que a la mañana siguiente, cuando esté fresco, pueda yo comenzar con los preparativos e irme lejos de su lado. Él está muy enojado, pero ni bien me acerco a hacerle una caricia, su enojo se convierte en lástima por si mismo, y aún con la navaja en la mano, monta un espectáculo de auto flagelo, diciendo de si mismo cosas horribles, y rozando el filo metálico por sus piernas. Mientras intento apaciguarlo contengo la risa característica de mis nervios, y luego de un rato nos vamos a la cama.
Ahora él se sentó en el borde del catre y sigue pasándose el filo por las piernas, yo sólo tengo muchísimo sueño y deseo dormir y deseo que esto termine. Por fin él se acuesta, después de haberle insistido un poco, y ya estamos los dos tapados con una sábana, completamente paralelos, rectos y cada uno mirando el techo. El ventilador apaga el silencio y amanece por la ventana. Le doy gracias a la virgen.
Cuando logro dormirme sueño que le digo a Dieguito que no se pase la cuchilla por las piernas, que vaya a la vereda a hacerlo, pero que la apoye más bien sobre la yugular, que primero tiene que separar la cabeza, para cortar el cuerpo.

2011

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