Al ocurrir los primeros frios
parece que se estiran las yemas de los dedos,
se ponen sedosas y dicen
que es la época ideal
de acariciarse
y dejar que nuestras manos
lustren la piel del cuerpo
para que el calor de las manos
forme abrigo
y encienda la rosada ternura
de las mejillas.
2007
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